¿Alguna vez te has preguntado por qué a tus hijos le brillan los ojos cuando les narras cuentos infantiles? o ¿por qué recuerdas con tanta nostalgia un relato que leíste de niña?
La ciencia y la experiencia de lectores apasionados nos revelan por qué amamos los relatos.
Así que si eres de esas madres o abuelas que siempre encuentran ocasión para leer a sus pequeños, en este artículo encontrarás más motivos para seguir haciéndolo.
El cerebro se enciende con las historias
Significan mucho más que un entretenimiento. Cuando leemos o escuchamos un relato el cerebro reacciona como si estuviéramos viviendo la experiencia, porque no puede distinguir si lo que sentimos es producto de una fantasía o de la realidad. Si un personaje llora o corre, se encienden zonas en el cerebro relacionadas con dichas vivencias.
La psiquiatra y escritora Mariam Rojas Estapé explica que «cuando leemos nos sumergimos en las historias de los personajes fomentando una mayor empatía hacia las personas que nos rodean».
La atención y la memoria también se desarrollan cuando exponemos a nuestros hijos a la lectura de cuentos infantiles.
Esto explica por qué los niños que leen habitualmente son capaces de memorizar textos extensos.
Oxitocina: la hormona que nos conecta
Cuando una historia nos conmueve, liberamos oxitocina, la misma hormona que se activa cuando cantamos o abrazamos a nuestros hijos.
El neurocientífico Paul Zak en su conferencia Confianza, moral y oxitocina afirma que «la oxitocina nos hace más generosos y felices».
Las historias nos ayudan a entender el mundo y a nosotros mismos
La frustración, el miedo, o conceptos como el bien y el mal, son difíciles de entender para un niño. A veces, hasta nosotros los adultos nos vemos en aprietos para explicar cómo nos sentimos y determinadas situaciones. Pero quizás te ha ocurrido que al leer una historia a tu hijo te ha sorprendido con un: «eso me pasó a mí, o, ahora entiendo«.
Ese es el poder de los buenos relatos: nos ayudan a descifrar nuestro universo interior y a comprender el mundo.
Un estudio realizado en la universidad de Emory, Estados Unidos encontró que cuando leemos una historia u otro género literario nuestro cerebro genera un aumento de la conectividad en áreas asociadas a la comprensión.
Una historia puede marcar una vida
Fue un relato de un alpinista famoso lo que inspiró al alpinista y ambientalista Ken Noguchi a escalar las Siete Cumbres, montaña más alta de cada continente, convirtiéndose(en ese momento), en la persona más joven en realizar dicha hazaña.
Y también la novelista Isabel Ayende ha confesado que su «aventura en la escritura» se la debe a las historias que escribió Gabriel García Márquez.
Una buena historia tiene el poder suficiente para inspirarnos y hacer florecer lo mejor de nosotros mismos.
Ahora ya lo sabes: cuando narras un cuento infantil a tu hijo antes de dormir, le muestras una poderosísima herramienta que no solo entretiene, también lo ayuda a tener relaciones más sanas, a comprender el mundo y a descubrir sus potencialidades.
Cuéntame en los comentarios:
¿Qué historia marcó tu infancia y cuál les cuentas a tus hijos hoy?

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