Había una vez un anciano llamado Yu Gong que vivía con su familia en un pueblito rodeado de montañas. Frente a su casa había dos montañas tan grandes y empinadas que para salir al pueblo, él y su familia tenían que dar un gran rodeo todos los días.
Un día, Yu Gong se cansó de ver aquellas montañas que hacían su vida tan difícil. Se levantó temprano y dijo:
—¡Voy a mover estas montañas, piedra por piedra!
Sus vecinos se rieron.
—¡Eso es imposible! —le dijo uno—. Eres viejo, ¡no terminarás ni aunque vivas cien años!
Pero Yu Gong no se rindió. Cada día, con la ayuda de su esposa, sus hijos y nietos, cargaba rocas y tierra para llevarlas lejos. No se quejaba. Aunque el trabajo era duro, su corazón estaba lleno de esperanza.
Pasó el tiempo. La gente se acostumbró a ver a Yu Gong y su familia trabajando. Algunos seguían burlándose, pero otros empezaron a admirar su esfuerzo.
Un día, los dioses del cielo vieron al viejo y se sorprendieron:
—¡Qué corazón tan fuerte tiene este hombre! —dijo uno—. ¡No se ha rendido ni un solo día!
Entonces, los dioses decidieron ayudarlo. Con un gran trueno y viento, levantaron las montañas y las alejaron de su casa.
Desde ese día, el camino quedó plano y libre. Yu Gong siguió viviendo tranquilo, sabiendo que con paciencia y esfuerzo, incluso lo imposible se puede lograr.
✨¿Te gustó esta historia?
Suscríbete para acceder a la Biblioteca Secreta, donde podrás descargar este y otros cuentos con actividades pensadas para que tu niño o niña, disfrute y mejore su comprensión lectora.

Deja un comentario