El rey que no podía dormir

Versión infantil basada en Disciplina Clericalis, siglo XII

Había una vez un rey poderoso que tenía de todo: un palacio gigante, jardines llenos de flores, músicos que tocaban canciones suaves… Pero había algo que el rey no podía conseguir: ¡dormir!

Cada noche, por más que lo intentaba, se daba vueltas en la cama, suspiraba, y contaba hasta cien… ¡pero el sueño no venía!

—¡Llamen al sabio del reino! —ordenó—. Necesito que me cuente una historia que me ayude a dormir.

Y así llegó el viejo narrador, un hombre tranquilo, de voz pausada.

—Majestad, esta noche le contaré un cuento muy especial —dijo sonriendo—. Pero es largo… muy largo…

El rey se acomodó en su cama, curioso. Y el narrador empezó:

—Había una vez un pastor con dos mil ovejas. Cada día debía cruzarlas por un puente angosto para llevarlas a un campo mejor. Pero el puente solo permitía pasar de una en una.

—Una oveja bajaba al puente, cruzaba despacito guiada por el bastón del pastor, luego subía por la colina, y entonces el hombre iba por la siguiente.

El narrador hablaba con tanta calma, y con tantos detalles, que el rey comenzó a imaginar las ovejas: blanquitas, suaves, caminando en fila.

—Una más bajaba… cruzaba… y subía…

El rey ya tenía los ojos cerrados.

—Una más bajaba… cruzaba… subía…

Y antes de que el sabio llegara a contar la oveja número veinte… el rey ya roncaba dulcemente, soñando con un rebaño infinito cruzando un puente de nubes.

El sabio sonrió en silencio, se puso de pie… y salió del cuarto sin hacer ruido.

✨ Moraleja: Lo más simple y repetitivo puede calmar la mente y ayudarnos a descansar. Solo hace falta un poco de imaginación… y muchas ovejas pacientes.

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